Morena y las elecciones (o, Morena y el PRD)

por Juan Jacobo Schmitter Soto

En estos tiempos de “suela, sudor y saliva”, cuando estamos recorriendo casa por casa o sentados en un módulo invitando al pueblo a afiliarse a Morena, la pregunta es obligada: “¿Quién es su candidato? Ya nos visitaron los del MC, los del PRD, los del PT…”

La línea “tirada” desde el Comité Ejecutivo Nacional fue que Morena no participaría en elecciones este año, en tanto no cuente con registro. Todo el esfuerzo de la incipiente militancia sería para construir el nuevo partido, léase afiliar ciudadanos, pero también crear comités de base, donde los nuevos militantes puedan discutir, organizarse, crear, no sólo en un ámbito político, sino también cultural. Los comités de base pueden corresponder a una sección electoral, lo cual será útil cuando Morena participe en elecciones, pero también pueden establecerse por centro de trabajo o de estudio, lo cual podría en muchas situaciones ser más fecundo: imaginemos las aportaciones potenciales de un comité de base integrado por artistas, o por ecólogos, o médicos, o abogados…

El caso es que Morena no va a elecciones en 2013, pero esta postura no fue una línea verticalista, impuesta sin discusión. En nuestro comité municipal la discutimos a fondo, y nuestra opinión al respecto no fue unánime. Varios compañeros discreparon de la posición oficial: opinaban que debimos buscar alianza en vez de pasar las elecciones en neutral.

¿Alianza con quién? Desde luego, no con la derecha (aquí, un vínculo a un viejo alegato contra las alianzas con el PAN). ¿Con el PRD, hasta hace muy poco el partido de buena parte de los nuevos militantes de Morena?

Desde el inicio hemos expuesto que Morena no nació para dividir a la izquierda. No es ésa la intención, y confío en que no será ése el efecto. A los compañeros del PT en el municipio les hemos dicho con franqueza que, si bien no participaremos en campañas ni apoyaremos candidaturas por ahora, sin duda estaremos hombro con hombro en calles y plazas, luchando en defensa del petróleo, por ejemplo. Parece natural que en 2015 y más allá coincidiremos en la lid electoral con el PT. ¿Y el PRD?

Por un lado, puede decirse que el PRD sigue siendo de centro-izquierda. Sin necesidad de referirse a los grandes logros sociales en la Ciudad de México, del propio Cancún cabe reconocer la honrosa resistencia al Dragon Mart por parte de la administración de Ricalde, por poner sólo un ejemplo (aunque hay contraejemplos: el aumento al transporte es uno).

Por otro lado, el PRD actual pone en duda su carácter izquierdista a través de su compromiso con Peña Nieto (“Pacto por México”) y su compromiso con la derecha (alianzas con el PAN). Eso tan sólo en lo político. En temas de honestidad interna, con el chuchismo encumbrado, es dudoso que haya habido avances desde la época en que renuncié al partido, hace ya años, hacia 2003 (aquí, mis motivos para renunciar al PRD).

Sin embargo, Ricalde o Zambrano no son los únicos militantes del PRD, tal vez ni siquiera los más representativos. Mucha gente de base del PRD no está conforme con las decisiones cupulares, pero probablemente por lealtad (¿o inercia?) no han dejado el partido. Ya hemos coincidido con ellos en la calle, como cuando la protesta contra la Reforma Laboral aquí en Chetumal, donde estaban no sólo Morena, #YoSoy132 y PT, sino también PRD, MC y mucha gente sin partido.

El PRD no es el adversario. Por ello no veo del todo incoherente que un miembro de nuestro Comité Estatal apoye públicamente y a título personal a un candidato en particular del PRD, a quien encuentra honesto y de izquierda, las dos condiciones sine qua non. Tampoco veo mal que una militante de Carrillo Puerto se postule como candidata externa por el PRD.

(Lo que sí podría resultar preocupante es que la tesorera estatal se postule como candidata independiente. Está en su derecho, pero no debe usar los exiguos recursos de Morena para su promoción personal. Las comisiones de honestidad y justicia deben estar atentas; su papel es crucial en esta etapa de la vida del nuevo partido.)

En la naciente Morena hay mucho afán por distinguirnos del PRD, principalmente en cuanto a honestidad y congruencia, y me parece bienvenido; pero creo que no basta tratar de ser “la versión honesta del PRD”. Morena debe moverse ideológicamente más a la izquierda del PRD. Este proceso no debe ser por decreto de los líderes, sino por reflexión desde los comités de base, con la formación política adecuada, que abarque no sólo una reapreciación de la historia nacional, sino un análisis crítico de las experiencias latinoamericanas de la izquierda en el poder.

No implica lo anterior exigir un partido socialista a ultranza. Morena es hoy por hoy una amalgama de diversas posiciones de izquierda (que no “tribus”, pues las corrientes, como grupos de interés, están prohibidas estatutariamente), algunas autodenominadas socialistas, otras no, y esa diversidad es saludable. Lenin mismo abogaba por un frente amplio, que abarcara desde comunistas hasta socialdemócratas, para enfrentar a la derecha en el poder. Morena tiene mucho de frente amplio, y está en su vocación sumar también en ese frente a otras fuerzas.

El adversario no es el PRD, mucho menos el PT o MC: el adversario es el PAN, el PRI, y detrás y encima de ellos el sistema neoliberal capitalista.

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